Del conflicto a la armonía en el aula.

El acoso escolar, en cualquiera de sus formas, es una lacra que afecta gravemente al ambiente educativo. Pero cuando hablamos de acoso de profesores hacia alumnos o de alumnos hacia profesores, entramos en una espiral tóxica que degrada los cimientos mismos de la educación.

El acoso docente hacia los estudiantes puede manifestarse en humillaciones, descalificaciones públicas o abuso de poder. Estos comportamientos, lejos de ser “disciplinarios”, generan traumas que afectan la autoestima y el rendimiento del alumno, rompiendo la confianza en el sistema educativo.

Por otro lado, el bullying de alumnos hacia profesores es un problema creciente. Desde faltas de respeto y burlas hasta agresiones físicas o ciberacoso en redes sociales, los maestros también se ven vulnerados en su rol, con consecuencias que van desde el estrés hasta el abandono de la profesión.

El verdadero problema es la permisividad de estas actitudes. Ni un alumno debe temer al docente, ni un profesor debe sentirse intimidado en el aula. Es hora de romper con la indiferencia y tomar medidas contundentes: protocolos claros, sanciones efectivas y educación en valores.

¿Qué mensaje estamos enviando si permitimos el acoso, venga de donde venga? La educación debe ser un espacio de respeto mutuo, no un campo de batalla. Proteger este equilibrio no es solo un deber, es nuestra responsabilidad para construir una sociedad más justa y empática.

María José Liern. Perito judicial experto en acoso escolar, bullying y ciberbullying.

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