Guía del Ciudadano Ejemplar: Cómo ser ignorado con elegancia


Felicidades.

Has decidido ser un Buen Ciudadano.

Has leído los protocolos de convivencia, crees en las «instituciones» y confías en que, si sigues los pasos A, B y C, el sistema funcionará. Qué ternura. Es casi admirable, de no ser porque es el camino más directo hacia la absoluta irrelevancia.


En el fascinante mundo del acoso escolar —ese deporte nacional que los centros prefieren llamar «conflictos puntuales entre iguales»—, ser previsible es tu mayor error. Si eres educado, discreto y sigues el conducto reglamentario, no eres una prioridad; eres un expediente. Y los expedientes tienen una propiedad física fascinante: pueden acumular polvo indefinidamente sin que a nadie le suba el pulso.


El mito del «Protocolo»
El protocolo es ese laberinto de papel diseñado para que los responsables sientan que están haciendo algo mientras, en realidad, solo están esperando a que el curso termine o el alumno acosado se mude de barrio.
Si envías un correo formal y esperas pacientemente una respuesta, le estás diciendo al director: «Tranquilo, no muerdo. Puedes priorizar el inventario de las tizas antes que la integridad de mi hijo». Ser cívico es, en esencia, dar permiso a la administración para que se tome su tiempo. Y el tiempo de la administración se mide en eras geológicas.


La Magia del «Efecto Reputación»
¿Quieres que un responsable actúe con la velocidad de un atleta olímpico? Deja de apelar a su ética y empieza a amenazar su imagen pública.
La empatía es un recurso escaso, pero el pánico a un titular en prensa o a un hilo de X (Twitter) con 50.000 retuits es un motor de cambio inagotable. Es curioso cómo un problema «complejo que requiere meses de evaluación» se resuelve en quince minutos cuando el nombre del colegio empieza a recibir menciones negativas en Google Maps.


La regla de oro: Un responsable no se implica cuando ve el sufrimiento del acosado; se implica cuando siente el aliento de la presión social en su propio cuello.

¿Por qué el escándalo es el lenguaje oficial?
Vivimos en la era de la gestión de crisis, no de la gestión de soluciones. Si actúas como un ciudadano previsible, eres gestionable. Si actúas como alguien dispuesto a arruinar el café de la mañana del responsable mediante la presión mediática, eres urgente.


El Buen Ciudadano: Pide una cita, rellena un formulario, espera. Resultado: «Estamos trabajando en ello».
El Ciudadano Realista: Documenta la inacción, moviliza a otros padres y apunta a la reputación del centro.

Resultado: Reunión de urgencia el lunes a las 8:00 AM.


Conclusión: La utilidad de ser «el problema»
Hacer las cosas bien es muy noble, pero en el mundo real, la eficiencia no vive en el civismo, sino en la incomodidad. Si quieres que se muevan, tienes que ser el factor que rompe su tranquilidad. Al final del día, a los responsables no les mueve la justicia, les mueve el miedo a que el caos les salpique la camisa blanca.
Así que, sigue siendo previsible si quieres una medalla a la paciencia. Pero si quieres resultados, recuerda que un buen escándalo ahorra años de burocracia. Es triste, sí. Pero es, sobre todo, rápido.

María José Liern.

Perita judicial experta en acoso escolar, bullying y ciberbullying.

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