Cuatro mitos sobre el acoso escolar


Como en cualquier problema social de una envergadura tan preocupante, las creencias erróneas no hacen otra cosa que aumentar la gravedad del mismo.

Estos mitos, en su conjunto, imposibilitan detectar cualquier situación de acoso escolar y dañar todavía más al niño/a agredido/a que tendrá que reparar el daño que le han causado de manera gratuita. Sin embargo, no podemos olvidar que el niño/a que agrede, además de sancionado/a, también necesita ser reconducido e investigar el origen de su conducta.

Entre estos mitos podemos hablar de los siguientes:

1. «Siempre ha habido acoso escolar y no pasa nada»

Esto suena un poco igual a los comentarios referentes a la violencia de género. Efectivamente, siempre ha existido pero… por supuesto que pasa algo y mucho. Con esa frase, simplemente estamos normalizando la violencia en el colegio por parte de todos: centro educativo, familias, agresor/a, agredido/a y los/las testigos (de los que suelen olvidarse continuamente y que tienen un papel fundamental).  A la vez que, se está adoptando una actitud completamente pasiva por parte de quien tenga esta creencia no reconociendo la realidad del problema.
Es más, muchas personas adultas recuerdan con total claridad situaciones de acoso de su vida escolar, bien porque lo han sufrido, bien porque lo han visto en compañeros. No se olvida. Por no hablar de los daños que persisten, todavía, en la vida adulta. Por tanto, tampoco se pasa con el tiempo (este sería otro mito). Lo único que consigue el tiempo, si no se detecta, es agravarlo.

2.“Si no hay agresiones físicas no hay acoso”

Precisamente, la violencia física (la visible), se puede representar como la punta de un iceberg, un 10%. La psicológica (la invisible: insultos, exclusión social, amenazas…) es el resto, un 90% y puede llevar a situaciones extremas de las que todos somos conocedores.

Así se representa en: Oñate, A y Piñuel, I (2007). Acoso y violencia escolar en España. Informe Cisneros X.IEDDI, Madrid.

El acoso puede ser: físico, social, psicológico, verbal, sexual, ciberbullying pero parece que, socialmente, únicamente se reconoce el que deja una huella externa.

3. “En nuestro colegio no se dan situaciones de acoso”

Prácticamente en todos los colegios se dan situaciones de maltrato en mayor o menor medida y con mayor o menor incidencia. La diferencia está en con qué enfoque se aborda: ¿con un enfoque proactivo: aplicando herramientas para su prevención o abordándolo de manera directa una vez se detecta o, por otro lado, con la “Ley del Silencio”?
En este punto, también sería interesante hablar de la formación del profesorado, ya que hay docentes que reconocen no haber recibido una formación específica para prevenir o enfrentarse al acoso escolar. Precisamente por su posición, es urgente impulsar esa formación específica con el profesorado para la mejora de la convivencia educativa.

4. “La víctima no debe defenderse porque se convierte en agresor”

«Son criticables los programas antibullying o antiviolencia escolar que subrayan la necesidad de reforzar la asertividad o habilidades sociales en los niños víctimas de acoso como forma de luchar contra este problema. Emiten un falso mensaje: es la victima la que presenta un problema psicológico que deben resolver.» ( Como prevenir el acoso escolar. Iñaki Piñuel y Zabala. Óscar Cortijo Peris.)

Los niños que resultan ser victimas de acoso escolar tienen que ser protegidos en sus centros educativos, no puede regir la «Ley de la Selva» en la que tengan que utilizar ese recurso: la defensa ( no hay que confundir con la agresión gratuita)

«Entonces el niño que recibe un ataque ¿debe devolverlo?

– Si tu le dices a un niño que no pegue cuando le pegan, le generas una cosa que se llama indefensión aprendida un perfil propiciatorio de victima. El niño tiene que defenderse. El profesor no puede decirle a un niño que si devuelve un ataque recibirá un castigo. ¿ Qué opción le deja? Si devuelve la agresión para defenderse le castigarán, si no, le van a pegar más todavía, que es lo que al final pasa. La salida no es pegar; la salida es que en un centro escolar no se admitan esas conductas y que el primero que las haga reciba una sanción. No puede pasar desapercibida, ni la primera burla, ni mote, ni colleja de broma. Nuestro profesorado está educado en el paradigma del buenismo, en todas estas estupideces que defienden que castigar es antipedagógico y sancionar conductas propio del pasado, de la dictadura, y esto desemboca en una generación entera de niños indefensos. El acosador acaba libre, nada le ocurre ni es sancionado, y la victima no se defiende, y al final esos casos van a más. Si a uno le pegan, hay que defenderse, es obligatorio.»

Nada más que añadir.


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