Baja por acoso escolar.

El acoso escolar no es solo una serie de insultos o empujones; es un infierno diario que destruye la salud mental y emocional de niños y niñas. A pesar de esto, muchas víctimas no tienen otra opción que seguir asistiendo a clases, atrapadas en un sistema que prioriza las estadísticas de asistencia sobre su bienestar. Y si se atreven a faltar, la respuesta es aún más absurda: se abre un expediente por absentismo. ¿En serio?

La realidad es clara: los estudiantes que sufren acoso necesitan la posibilidad de acceder a una baja escolar justificada, exactamente como cualquier adulto que no puede acudir al trabajo por problemas de salud. El estrés, la ansiedad y la depresión causados por el bullying son tan dañinos como cualquier enfermedad física, pero el sistema educativo sigue ignorándolo.

La colaboración entre las escuelas, pediatras y especialistas en salud mental es imprescindible. Estos niños necesitan tiempo para recuperarse sin el temor de que sus padres enfrenten sanciones por absentismo. Mientras tanto, las instituciones parecen más interesadas en que «todo parezca estar bien» porque los alumnos siguen asistiendo, aunque cada día que pasan en el aula los hunda más.

Es hora de actuar con seriedad y humanidad. Implementar un sistema que permita bajas escolares por acoso, respaldadas por médicos y psicólogos, no es solo justo: es necesario. Forzar a las víctimas a enfrentarse a sus agresores cada día no es educación; es crueldad institucionalizada.

El acoso escolar no espera, y tampoco debería hacerlo la solución.

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