Colgante de identificación personal

Identificar no es etiquetar

Hace unos meses asistimos a una charla muy interesante sobre este tema. La charla fue impartida por el psicólogo Alberto Soler. La verdad es que nos supo a poco porque es un tema extenso que  invita a la reflexión en estos tiempos en los que, parece que, la estamos perdiendo.

Nos abordaban muchas preguntas ¿Qué es etiquetar? ¿Tiene alguna connotación negativa nombrar una acción de manera objetiva? ¿Estamos estigmatizando si etiquetamos?¿Por qué confundimos etiquetar con nombrar una acción?¿Nos enfocamos en no etiquetar a los niños pero nosotros mismos lo hacemos con otros adultos? ¿Qué pasa si no llamamos a las cosas por su nombre?

Etiquetar es, según su significado psicológico, ”prejuzgar y asignar una serie de expectativas a las que muchos terminamos ajustándonos desde pequeños.” 

Efectivamente, prejuzgar es juzgar, generalmente, de modo condenatorio o discriminatorio, con base en ideas preconcebidas y sin tener en cuenta la información suficiente.

Es decir, no retrata una realidad de manera objetiva sino una percepción (por tanto, subjetiva) que suele ser negativa de alguien.

Necesariamente, en este punto, tenemos que hacer referencia al efecto Pigmalión; podemos definirlo como “las expectativas de los demás sobre nosotros, que afectan a nuestras propias creencias y conductas, de tal forma que se acaban confirmando esas expectativas.”

Es decir, esas etiquetas que nacen de la percepción de alguien se pueden llegar a convertir en realidad y los etiquetados (ya categorizados) empiezan a comportarse como la etiqueta que alguien le ha puesto a modo de bautismo social. Por supuesto que, el injustamente etiquetado puede no comportarse como tal porque hasta él mismo puede acabar creyéndose esa etiqueta. 

Esto es algo especialmente peligroso en niños porque están forjando su autoconcepto pero también en adultos. No nos olvidemos de la salud mental y del poder de la sociedad sobre las personas que a veces puede ser destructivo.

Sin embargo, las etiquetas, entendiéndose como información objetiva, nos sirven para categorizar y dar un valor a los elementos y situaciones. Nos sirven para saber a qué nos enfrentamos si hablamos de enfermedades, a saber cómo tratar trastornos, a saber qué productos compramos y por supuesto, a definir una situación de acoso escolar

El que agrede es agresor porque es el que realiza la acción de agredir y no se le está juzgando como malo, etc. El niño puede ser agresor en cuanto que ha agredido, pero también puede ser víctima de algo, y sea eso le provoque ser agresor en otro ámbito. Es más,  alguien que es agresor no siempre tiene que serlo, y hay que trabajar para que así no se le “etiquete” del mismo modo.

No podemos olvidar que, el agredido es el que recibe la agresión y tampoco se le debe juzgar como débil, etc.

En algunos colegios suelen evitar llamar al niño que agrede “agresor” siendo sus perjuicios los que, al no reconocerlo como tal, tapan una situación de acoso escolar. Si no hay agresor, no hay agresión y por tanto, se está negando la existencia del acoso escolar con la repercusión tan grave que ello conlleva.

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