La burocracia en el acoso escolar.

En un mundo donde los niños deberían ser protegidos y escuchados, la burocracia se erige como un monstruo que perpetúa el sufrimiento de las víctimas de acoso escolar. La rapidez con la que los agresores pueden dejar huella en la vida de un niño no se equipara, ni de lejos, con la lentitud de los procesos administrativos que deben enfrentarse las familias para conseguir justicia. La burocracia mata, literalmente, las oportunidades de intervención eficaz.

Las víctimas de acoso escolar no necesitan papeles, reuniones interminables y análisis eternos. Necesitan acción inmediata, pero lo que se les ofrece es un desfile de protocolos que no hacen más que dilatar la solución de un problema que podría terminar en tragedia. Las escuelas, lejos de ser refugios, se convierten en campos de batalla donde la respuesta institucional es fría, distante y, sobre todo, ineficaz.

Cada caso de acoso escolar que se pierde entre papeles es una oportunidad de salvar a un niño. El procedimiento burocrático es tan engorroso que muchas veces ni los padres ni los propios educadores saben por dónde empezar, mientras que el acoso sigue su curso, causando daños irreparables en la salud mental de las víctimas.

Este sistema administrativo no solo es lento; es una burla a la gravedad del problema. El acoso escolar es una crisis urgente, no una cuestión para ser tratada con informes interminables. La burocracia no solo mata el tiempo: mata vidas. Necesitamos un cambio real, urgente, donde las víctimas reciban el apoyo inmediato que merecen.

No más papeleo, no más dilaciones. ¡Acción ya!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio