La condescendencia social.

Ah, los traumas psicológicos, esas “cosas invisibles” que muchos despachan con un: “anda, no es para tanto, échale ganas”.

Claro, porque perder a un ser querido, sufrir acoso escolar o laboral o vivir violencia doméstica es exactamente lo mismo que resbalarse en la ducha: te levantas y listo.

La realidad de los traumas psicológicos es muy distinta: no solo duelen, sino que se enquistan y dejan huella en la salud mental.

¿Las consecuencias más comunes? Ansiedad, depresión, insomnio, problemas de autoestima y dificultades para establecer relaciones sanas. Pero claro, como no llevan yeso ni muletas, parece que “no cuentan”. Y aquí viene lo más curioso: la gente no da un paso más. Nadie se pregunta “¿qué situación tan grave habrá vivido esta persona para que su vida tenga un antes y un después?”.

Mucho más fácil es mirar con condescendencia y decir: “es algo psicológico… SIMPLEMENTE”.

¿Acaso no queda claro que lo psicológico es peor? Porque una herida física cicatriza, pero una herida en la mente puede quedarse abierta toda la vida.

Consecuencias de ignorar los traumas psicológicos:

Dificultades laborales y pérdida de productividad.

Problemas en las relaciones personales y sociales.

Salud mental en deterioro.

Mayor riesgo de desarrollar trastornos graves si no hay apoyo psicológico.

Los traumas psicológicos son tan reales como los físicos, pero siguen subestimándose. Ignorarlos es como poner una curita imaginaria a una fractura expuesta. Lo mínimo es reconocer su gravedad, hablar de ellos y buscar apoyo profesional. Porque sí, educarse sobre los traumas ayuda… aunque no sea tan vistoso como presumir un brazo escayolado.

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